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Los Latigos

TIPOS DE LÁTIGOS Y SU USO

Llamamos látigo o gato de nueve colas a todo instrumento flexible dotado de varias trallas hechas de cuero o material similar y destinado a ser utilizado sobre el cuerpo humano. No vamos a tratar sobre los látigos clásicos de una sola tralla o con trallas trenzadas. Un látigo con trallas trenzadas es bastante parecido en numerosos aspectos a los que trataremos pero provoca una sensación bastante diferente, al igual que los látigos que poseen nudos en los extremos de las trallas de los que no hablaremos.

Los látigos siguen siendo difíciles de encontrar, hay bastante gente que se fabrica el suyo propio en formas totalmente distintas. Algunosprincipios básicos sobre el diseño de los látigos nos pueden ayudar a elegir el que mejor se adapte a nuestras necesidades o gustos, dada la enorme cantidad de materiales que actualmente podemos encontrar en el mercado.

Como norma general, sea cual sea la intensidad y fuerza que se emplee a la hora de azotar, cuanto menor sea la superficie en la cual todo el impacto del azote esté concentrado, mayor sera el daño potencial que podamos causar. Podemos poner de ejemplo el caso de un fakir que tumbado sobre una cama de pinchos que abarca casi la totalidad de su espalda, ésta no es traspasada por los clavos, mientras que si lo hiciera sólo con un clavo, el daño está asegurado.
Por esta razón, las trallas de los látigos a menudo tienen bordes redondeados. A pesar de que los bordes rectos dan menos trabajo al fabricante, los bordes redondeados son preferibles ya que provocan menos daños. Cuanto más anchas sean las trallas, mayor es el espacio en el cual impactan y menor su daño.


Lo mismo ocurriría con la cantidad de trallas que lleve el látigo. De lo que se deduce lo siguiente: con el mismo material del cual esté hecho el látigo, las trallas finas hieren, las trallas anchas provocan una sensación sorda o apagada. Además, cuantas más trallas tenga un látigo, más lentamente se desplazan en el aire y cuanto más largas sean, más fuerza hay que imprimir.

Estos dos puntos hacen que los látigos puedan ser pesados, pero cuanto más largas sean las trallas también es más difícil su control. La mayoría de los látigos "estándar" tienen trallas de una longitud que varía entre 38 y 55 cm. Se pueden hacer cosas interesantes con un látigo más largo, como por ejemplo azotar la espalda entera de una sola vez, pero esto no es recomendable para principiantes, ya que este tipo de azotes requiere mucha práctica.



Los látigos muy cortos son útiles para practicar a muy corta distancia del sumis@ o sobre una parte del cuerpo muy precisa y limitada. Los látigos clásicos tienen entre 15 y 25 trallas, el doble suele dar una versión de látigo más pesada en el mismo diseño. Por razones de seguridad, las trallas deben estar firmemente sujetas y fijadas en el extremo de la empuñadura del látigo, ya que es ahí donde el látigo soporta una mayor deformación con el paso del tiempo y el uso.
Algunos fabricantes utilizan un nudo grueso de cuero para ajustar ese punto, para reducir la tensión y asegurarse de que las trallas están en su sitio. La empuñadura del látigo debe trabajar con la mano y no contra ella, no debe ser ni demasiado ancho ni demasiado fino, para asegurar un buen agarre con la mano que nos daría firmeza, seguridad y precisión.


Otro nudo o reborde en su extremo impide que resbale en la mano. Las empuñaduras cortas son las mejores para el control, las largas garantizan el poder levantar mejor el brazo y propulsar las trallas con mayor fuerza e intensidad.
El peso de la empuñadura debe estar equilibrado con el peso de las trallas. Estas características hacen que sea preferible que probemos el látigo antes de comprarlo.
Más allá del peso, del largo o del ancho, la característica más importante es el material en que están fabricados. Como siempre, el Amo o Ama responsable debe probarlo en sí mismo/a antes de emplearlo con su sumiso/a y comprobar su estado antes de cada uso.
Ahora trataremos diferentes tipos de materiales con los que podemos fabricar o adquirir nuestro látigo o gato de nueve colas.
Comentar que vamos a tratar los clásico de piel de vaca o ternera, al igual que el de cabra, que son los más habituales. Aunque también comentaremos un poco otros tipos de materiales que en nuestro país son poco conocidos y usados, que sin embargo en otros países tienen bastante aceptación y son relativamente fáciles de conseguir.


MATERIALES


Los tres primeros tipos de material que vamos a tratar son la piel de vaca o ternera, es decir, el cuero "estándar" de toda la vida . No hay términos específicos para el corte o el modo de curtido, pero se pueden clasificar por el peso y los tipos de cuero.

SUEDE: forma parte de los tipos más ligeros, realizado en piel de bovino y algo duro. Dan sensaciones mayores, tanto por el tipo de látigo, como por la sensación y el sonido que producen. Pueden dejar marcas en caso de azotes intensos.



CUERO CURTIDO CON ACEITE: cuero grueso, duro, menos flexible que los cueros más finos. La sensación resultante es muy parecida a la de un cuero de alce muy grueso, pero con una sensación de impacto bastante más dura.


TOPGRAIN: estos cueros suaves provocan en la piel sensaciones más dolorosas. Disponibles en diferentes grosores, desde el cuero ligero para confección de moda, hasta cuero más grueso utilizado para la fabricación de sillas de montar. Los tipos de cuero más suaves son los más recomendables.

TEJIDOS: La seda y otros tejidos suaves pueden ser utilizados para las trallas. Hay que evitar los modelos cuyas trallas estén hechas de dos piezas (o de una pieza doblada en dos) cosidas alrededor de un tubo. Los tejidos provocan efectos similares a los de la gamuza que trataremos a continuación, sólo que los colores son más llamativos y en general son lavables.


ANTE: suave al tacto, poco doloroso, proporciona sobre todo sensaciones ligeras y poca cosa más, salvo que se azote con una dureza excepcional. Un látigo de ante puede serutilizado durante muchísimo tiempo sin provocar un efecto visual intenso sobre la piel del sumiso más allá de un leve enrojecimiento. Ideal para los juegos muy suaves o para principiantes.


CUERDAS: de diferentes materiales (a partir de 3 mm de diámetro), hay que hacer 15 vueltas con trallas de 85 cm de largo y anudarlos juntos en un extremo acabado en un nudo. Cortar el otro extremo (las trallas se quedarán entonces en 35/40 cm) y atar todo a una empuñadura.
Dos sensaciones, primero una muy suave, provocada por un barrido con sólo los extremos de las trallas, y otra más fuerte en su uso normal. Sencillo, fácil de mantenimiento y barato, teniendo en cuenta que las cuerdas de distinto peso y material se encuentran fácilmente en tiendas.


LATEX: material flexible, pero que produce sensaciones bastante fuertes, dejando marcas inmediatamente. También ideal para los fetichistas del látex, tanto por su tacto como por su característico olor.




TÉCNICA

Se ha debatido mucho, experimentado, discutido sobre este aspecto tan personal como es la técnica de azote con látigo, vamos a intentar tratarla un poco más en profundidad en sus aspectos más básicos.

¿Dónde azotar, Dónde no?
Como la flagelación es algo que abarca actividades distintas, podemos distinguir dos tipos fundamentales de azotes con látigo como son: La flagelación superficial, centrada sobre todo en el castigo que actúa sobre la piel, sin implicar tejidos musculares más profundos y que no quiere decir que sea menos dolorosa. Y la flagelación profunda, que puede ser más o menos dolorosa que la anterior, pero que implica el llegar a golpear con más fuerza, hasta llegar a los músculos o tejidos internos.

Para hacerse una idea, es imposible azotar "en profundidad" con un látigo de ante, gamuza o tejido de 20 trallas, pero es fácil hacerlo con dureza con pieles mucho más duras y poco flexibles ya descritas anteriormente (a excepción del látigo de crines de caballo que provoca exclusivamente sensaciones en la piel).


Donde no se debe jamás azotar (por razones de seguridad obvias) es en la cara, el cuello, la cabeza, los dedos de manos y pies y sobre piel en curso de cicatrización.

Podemos azotar con extrema suavidad y prudencia (hablamos en este caso de un barrido con las trallas más que de auténticos azotes y con un látigo ligeramente doloroso y suave) en las palmas y el envés de las manos, por todas las articulaciones cualesquiera que sean, por toda la superficie que está entre las caderas por delante y la parte baja de las costillas, por los riñones y otros órganos internos, la columna vertebral, los pies, tanto sobre ellos como en su planta.


No olvidéis que los pies y las manos tienen numerosos huesecillos que tardan en curar si algo les pasa. Los imprudentes deberían tenerlo presente en todo momento.

Podemos azotar ligeramente en los brazos, antebrazos, interior de los brazos, pecho, zonas genitales (la piel es evidentemente más delicada y fina), la parte alta de las nalgas cerca de la columna, las costillas que no estén protegidas por músculos.

Es evidente que un impacto seco, doloroso y duro sobre los pechos debe evitarse por razones de seguridad.

La parte alta de las nalgas protege el coxis, pequeño hueso triangular frágil en la base de la columna, evitar azotar ese lugar.

Podemos azotar enérgicamente en las nalgas, la parte alta de la espalda a ambos lados de la columna, los muslos, la parte baja de los hombros.

Estas zonas están constituidas por huesos anchos protegidos por músculos y una capa de grasa. Hay muy pocos órganos sensibles debajo y esas zonas musculares aseguran una buena protección. Por este motivo estas zonas reducen al mínimo los riesgos de daño corporal, permitiendo un azote más seguro.

LA POSTURA

La postura del cuerpo condiciona la de la piel y los músculos. Cuando el sumiso está inclinado hacia adelante, los músculos tensos no se hayan con el mismo espesor y ofrecen una protección menor al impacto. Del mismo modo, si la piel está tensa, reaccionará peor que si estuviese relajada. Azotar a un sumiso que está de pie sin apoyo alguno puede provocar su caída y suele ser una maniobra irresponsable teniendo en cuenta los efectos físicos y psíquicos de la flagelación.


CÓMO?


Estilos hay tantos como personas porten un látigo, pero cuanto más depurado sea el estilo, el manejo y el juego de muñeca, menos nos cansaremos y mayor control del azote y la escena tendremos. Lo que vamos a describir ahora es bastante más fácil entenderlo viéndolo que leyéndolo, pero esperemos poder explicarnos bien y que quede claro.


Diferentes tipos de movimientos1- Las trallas caen de plano, toda la energía desplegada impacta sobre un sólo lugar de forma seca y precisa.
2- Las trallas hacen un movimiento de barrido, una parte de ellas llegan a la piel y continúan su trayectoria más allá de la zona de impacto. Se las puede entonces frenar o parar, o hacer un movimiento elíptico para juntarlas de nuevo, como por ejemplo un ocho horizontal o vertical. Las trallas golpean y salen en sentido inverso gracias a un movimiento de rotación rápida controlado por la muñeca. Si es suficientemente rápido, es posible dar la impresión de un movimiento continuo y entonces el tacto ligero y preciso puede dar al sumiso o sumisa sensaciones muy agradables.
3- Las trallas se utilizan en sus extremos (a diferencia de los movimientos anteriores, que las utilizan para que lleguen enteras a la piel) para dar la sensación de ser azotado sobre una parte de la piel más reducida y que provoca una sensación más ligera y precisa de dolor.
4- Las trallas impactan todas a la vez sobre el cuerpo del sumiso en un movimiento enérgico, dando el efecto de un impacto seco y duro más que de un barrido.
Nota: Dar un latigazo mal impulsado en un lugar inapropiado no debe ser jamás tomado a la ligera, es algo serio. La flagelación puede llegar a ser un auténtico arte que puede aprenderse con la observación y una práctica frecuente.


PRECISIÓN


Las trallas de un látigo o gato de nueve colas cubren una zona más amplia que una fusta y por esto son más difíciles de controlar. Los azotes pueden no llegar acertadamente a la zona deseada si no se es cuidadoso con las trallas entre golpe y golpe. Las trallas pueden enredarse consigo mismas, con la mano libre, el torso o la pierna al final de cada movimiento, de manera que hay que tener cuidado y control para evitar terminar haciendo movimientos desordenados que quitarán precisión y efectividad al azote. Podemos controlar, cogiendo las trallas con la mano libre después del golpe y girándolas sobre sí mismas, haciendo esto el azote siguiente será más preciso, ya que las trallas se juntarán.
Con la práctica conseguiremos que un látigo de calidad cuyas trallas unidas formen un cilindro de 5 cms de diámetro pueda llegar con precisión a una zona determinada. Alcanzar rítmicamente una parte del cuerpo que sobresalga, garantiza una mayor precisión. Las nalgas del sumiso apoyado en una cruz de San Andrés es un clásico. Un balanceo del látigo alternado en cada lado puede fácilmente llegar al lugar deseado, la nalga, dejando la parte baja de la espalda y la parte alta de los muslos intactos.

EL ENROLLAMIENTO

Si la parte del centro de las trallas llega antes a una parte sobresaliente del cuerpo del sumiso y que el resto de las trallas se enrollan siguiendo la curva del movimiento y del cuerpo, el extremo de las trallas llega a más velocidad de lo que el movimiento inicial había previsto. Es un enrollamiento, cosa bastante mala, ya que puede provocar azotes bastante duros e involuntarios en zonas que no estaban previstas de ser azotadas. Así que hay que tener cuidado con esto, en caso de que no sea intencionado por parte del dominante.

DURANTE UNA SESIÓN

¿Con qué frecuencia azotar? Una media de 1 a 2 segundos entre azote y azote es una buena base. El alternar azote-descanso-azote permite que las sensaciones se desarrollen y este ritmo puede ser variado para producir otro efecto en particular. El acrecentamiento del ritmo hacia el final de la sesión es muy común, lo cual es una razón de más para empezar con un ritmo regular y moderado, para ir dominando el increscendo de una escena.



SUBIDA PROGRESIVA DE LAS ENDORFINAS

Empezad despacio y ligeramente, colocando el látigo sobre la piel del sumiso, las trallas en una mano y la empuñadura en la otra, desplazándolo suavemente sobre la piel. Azotar suavemente con el extremo de las trallas utilizando cada vez más trallas en un movimiento lento que se transforma poco a poco en vaivén parcial y después en movimiento completo regular. Variad la colocación de las trallas gradualmente, desplazaos de arriba abajo siguiendo figuras regulares con el menor número de "irregularidades" posibles.



Cuando paséis a un látigo más duro, repetid el proceso, lo ideal es que aunque la fuerza aplicada en el azote suba gradualmente, el "feeling" siga siendo el mismo acorde con la sensación que se va desarrollando en el sumiso de desear poder sentir un azote más fuerte y duro.



El sumiso que llegue a este tipo de sensaciones sentirá a menudo un estado de completa relajación, provocado por una parte, por la confianza y por otra, por las reacciones naturales del cuerpo que acrecienta poco a poco su receptividad a las sensaciones producidas por los azotes, con muy poca o ninguna sensación de dolor propiamente dicha. Ya hemos dicho en alguna ocasión que esto es provocado por la secreción masiva de endorfinas que neutralizan y sobrepasan el efecto producido por la sustancia M que es el líquido que produce el dolor.


Las endorfinas actúan como un anestesiante natural y como un productor de placer para mitigar ese dolor. El cuerpo normalmente tarda unos veinte minutos en producir las endorfinas, aunque esto depende de cada uno y del grado de estímulo producido, y esto depende mucho de la experiencia del dominante, que sea capaz de controlar el ritmo de la sesión y el tempo en los azotes, cosa que no es fácil de conseguir y que se adquiere con la práctica y el interés.




SENSACIONES FUERTES

Aquí el objetivo es llevar al sumiso/a más allá de una sensación confortable para llegar a lo más cercano de su límite.
Este tipo de sesión es para aquellos que buscan sensaciones muy fuertes y para los que buscan el dolor en sí mismo.
Empezando como antes, cambiad la velocidad y la intensidad de los azotes, azotando más fuerte siendo a la vez menos previsibles.
Azotad la parte alta y las nalgas de manera irregular, esto impedirá al sumiso adaptarse a sus propias sensaciones.
Si cambias de instrumento, no lo hagas sutilmente, sino de manera que el sumiso note bien el cambio, así como el aumento de nivel de castigo. La sorpresa es a menudo mucho más eficaz que únicamente el aumento de la fuerza de los azotes
Una flagelación, incluso muy suave, puede producir un efecto asombrosamente fuerte en Amo/a y sumiso/a, cuidar del período de vuelta a la calma para que la energía se disipe lentamente es indispensable.
Podemos hacer que los azoten tengan un impacto superior al de la flagelación simple si usamos tapones para los oídos y vendamos los ojos, además de usar un bondage apretado.
Esto se debe a que el cuerpo al estar privado de parte de sus sentidos, incrementa la sensibilidad en los demás. Si cortamos los sentidos de la vista y el oído, aumentamos el del tacto y con ello la sensibilidad y las sensaciones en la piel.



PUNTO Y FINAL

La flagelación puede ser un acto de amor poderoso, ya que Amo/A y sumiso/a no están separados, sino unidos por el látigo. El saber hacer y la sensibilidad son indispensables durante la sesión, tanto por parte del dominante como por el sumiso.



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Gracias a la informacion de: http://www.latigos.net/latigos/latigos_informe.htm
 
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